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Contexto del libro · Nuevo Testamento · Es una carta a la dispersión: la fe que no obra está muerta.

Santiago

5 capítulos · Es una carta a la dispersión: la fe que no obra está muerta. · Se sitúa hacia el 45–49 después de Cristo, si es temprana, o antes de su muerte en el 62, según Josefo

Fe y obras (2:14–26); lengua; ricos y pobres; paciencia.

Santiago 4

RV1909

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¿DE dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No son de vuestras concupiscencias, las cuales combaten en vuestros miembros?

Matthew Henry

Exposition of the Old and New Testament

I. La indagación sobre el origen de los conflictos: «¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros?». El apóstol no habla de guerras entre naciones gentiles, sino de rencillas, facciones y disputas amargas entre aquellos que profesan el nombre de Cristo. La religión de Jesús es el evangelio de la paz; por tanto, todo pleito entre hermanos es una flagrante anomalía que deshonra al Maestro. II. El diagnóstico infalible de la causa motriz: «¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros?». La causa no es la defensa de la verdad, sino la tiranía del egoísmo carnal. Hay una guerra previa en el interior del hombre: el apetito contra la razón, el orgullo contra la humildad, la codicia contra la sumisión a Dios. De ese conflicto interior desbordado brotan la maledicencia, la envidia y los pleitos exteriores. III. Aplicación práctica: La verdadera reforma moral y espiritual debe comenzar en el gobierno de las afecciones internas. El cristiano que anhela vivir en paz con sus semejantes debe suplicar a Dios que purifique la fuente secreta de sus deseos por medio del Espíritu Santo.

C. H. Spurgeon

Sermones y exposiciones (dominio público)

«¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros?» El apóstol Santiago pone el dedo en la llaga purulenta de la naturaleza humana caída. Con frecuencia los hombres atribuyen sus divisiones, litigios y desavenencias a las circunstancias del entorno, a la provocación del prójimo o a un celo mal entendido por la justicia. Pero la inspiración divina desenmascara el engaño: el origen de toda contienda externa radica en una guerra intestina dentro del corazón. La palabra empleada aquí para «pasiones» es en el original griego hedonōn (ἡδονῶν), que designa el anhelo desordenado de gratificación personal, la soberbia y el apetito de auto-exaltación. Estas pasiones no son inactivas: «combaten en vuestros miembros» como un ejército rebelde que busca subyugar la conciencia y el temor de Dios. Cuando el hombre idolatra sus propios deseos y no obtiene lo que codicia, arremete contra sus semejantes. La paz en la comunidad cristiana, en el hogar o en la sociedad no se logra mediante pactos externos ni diplomacia carnal, sino mediante la crucifixión de las concupiscencias en la Cruz de Cristo. Mientras el yo no sea destronado por la gracia soberana, el alma seguirá siendo una fragua de conflictos.

Jamieson, Fausset y Brown

Commentary Critical and Explanatory on the Whole Bible

v. 1. guerras... pleitos — En el griego, pólemoi (πόλεμοι) indica el estado prolongado y continuo de enemistad u hostilidad; máchai (μάχαι) señala las disputas verbales, discusiones acaloradas y contiendas particulares que brotan de esa animosidad latente. ¿No es de vuestras pasiones? — Lit., «de vuestros placeres carnales» (ἡδονῶν). El egoísmo y la búsqueda desenfrenada de gratificación son la raíz de toda discordia. combaten en vuestros miembros — στρατευομένων ἐν τοῖς μέλεσιν ὑμῶν. Las pasiones son personificadas como soldados en campaña activa dentro de las facultades del cuerpo y de la mente, librando una insurrección constante contra el dominio del Espíritu.

Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y guerreáis, y no tenéis lo que deseáis, porque no pedís.

Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites.

Adúlteros y adúlteras, ¿no sabéis que la amistad del mundo es enemistad con Dios? Cualquiera pues que quisiere ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios.

¿Pensáis que la Escritura dice sin causa: El espíritu que mora en nosotros codicia para envidia?

Mas él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste á los soberbios, y da gracia á los humildes.

Someteos pues á Dios; resistid al diablo, y de vosotros huirá.

Allegaos á Dios, y él se allegará á vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros de doblado ánimo, purificad los corazones.

Afligíos, y lamentad, y llorad. Vuestra risa se convierta en lloro, y vuestro gozo en tristeza.

Humillaos delante del Señor, y él os ensalzará.

Hermanos, no murmuréis los unos de los otros. El que murmura del hermano, y juzga á su hermano, este tal murmura de la ley, y juzga á la ley; pero si tú juzgas á la ley, no eres guardador de la ley, sino juez.

Uno es el dador de la ley, que puede salvar y perder: ¿quién eres tú que juzgas á otro?

Ea ahora, los que decís: Hoy y mañana iremos á tal ciudad, y estaremos allá un año, y compraremos mercadería, y ganaremos:

Y no sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es un vapor que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece.

En lugar de lo cual deberíais decir: Si el Señor quisiere, y si viviéremos, haremos esto ó aquello.

Mas ahora os jactáis en vuestras soberbias. Toda jactancia semejante es mala.

El pecado, pues, está en aquel que sabe hacer lo bueno, y no lo hace.

Este capítulo aún no tiene aula ni tratado en la escuela. El acto de Santiago 4 puede escribirse en el cuaderno, con la cita ya puesta.