Contexto del libro · Nuevo Testamento · Es el cuarto evangelio del Nuevo Testamento: el testimonio del discípulo a quien Jesús amaba.
Juan
21 capítulos · Es el cuarto evangelio del Nuevo Testamento: el testimonio del discípulo a quien Jesús amaba. · La composición se sitúa hacia el 80–95 después de Cristo, según el consenso mayoritario
Declarado en 20:30–31: las señales se escribieron «para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre».
Juan 14
RV1909
Toca cada verso para sumar o quitar. La selección se ve marcada.
NO se turbe vuestro corazón: creéis en Dios, creed también en mí.
En la casa de mi Padre muchas moradas hay: de otra manera os lo hubiera dicho: voy, pues, á preparar lugar para vosotros.
Y si me fuere, y os aparejare lugar, vendré otra vez, y os tomaré á mí mismo: para que donde yo estoy, vosotros también estéis.
Y sabéis á dónde yo voy; y sabéis el camino.
Dícele Tomás: Señor, no sabemos á dónde vas: ¿cómo, pues, podemos saber el camino?
14:6 Yo soy el camino
Jesús le dice: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida: nadie viene al Padre, sino por mí.
Matthew Henry
Exposition of the Old and New Testament
Cristo no muestra un camino entre muchos: Él mismo es el camino. No ofrece una verdad entre opiniones: Él es la verdad. No señala una vida aparte de sí: Él es la vida. «Nadie viene al Padre, sino por mí.» El consuelo de los discípulos no está en un método, sino en una Persona. Apartarse de Cristo es perder el acceso al Padre.
C. H. Spurgeon
Sermones y exposiciones (dominio público)
¡Qué respuesta la de Jesús! No dice: «Yo enseño el camino». Dice: «Yo soy el camino». Fuera de Él no hay sendero al Padre. Él es la verdad que deshace la mentira, y la vida que vence a la muerte. El que tiene a Cristo tiene el camino, la verdad y la vida juntos; el que no le tiene, no tiene ninguno de los tres.
Jamieson, Fausset y Brown
Commentary Critical and Explanatory on the Whole Bible
«Yo soy el camino, y la verdad, y la vida.» Tres predicados con un solo sujeto. El camino al Padre no es un sistema; es Cristo. La verdad no es un conjunto de proposiciones sueltas; es Él. La vida no es un estado psicológico; es Él. La cláusula final excluye todo acceso independiente: «nadie viene al Padre, sino por mí».
Albert Barnes
Notes on the New Testament
Jesús responde a Tomás revelando su persona, no un itinerario geográfico. Él es el camino porque por su mediación se llega al Padre; la verdad porque en Él se revela Dios; la vida porque de Él procede la vida eterna. La exclusión «nadie… sino por mí» no es estrechez humana: es la afirmación del único Mediador.
Si me conocieseis, también á mi Padre conocierais: y desde ahora le conocéis, y le habéis visto.
Dícele Felipe: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta.
Jesús le dice: ¿Tanto tiempo ha que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre?
¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo de mí mismo: mas el Padre que está en mí, él hace las obras.
Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí: de otra manera, creedme por las mismas obras.
De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago también él las hará; y mayores que éstas hará; porque yo voy al Padre.
C. H. Spurgeon
Sermones y exposiciones (dominio público)
De veras os digo: el que cree en mí, las obras que yo hago él también las hará; y mayores que estas hará, porque yo voy al Padre.
Observa primero la condición: «el que cree en mí». No el que admira a Jesús, ni el que discute sobre Él, sino el que confía en Él. La fe une al creyente con la Vida misma; y de esa unión fluyen obras que llevan el sello del Maestro.
Segundo, la promesa: «las obras que yo hago él también las hará». No se trata de rivalizar con Cristo, sino de continuar Su ministerio bajo Su autoridad. Sanar, enseñar, consolar, derribar fortalezas de tinieblas: todo ello sigue siendo obra de Cristo, ejecutada ahora por manos creyentes.
Tercero, la asombrosa cláusula: «y mayores que estas hará». ¿Mayores en esplendor milagroso? No necesariamente. Mayores en alcance: la cruz y la resurrección abren una era en la que el evangelio atraviesa naciones. Pentecostés multiplica lo que los pocos años del ministerio terrenal apenas iniciaron. El Señor, exaltado, hace más por medio de Su cuerpo que lo que hizo en los días de Su carne limitada a Palestina.
La razón corona el texto: «porque yo voy al Padre». Su partida no es abandono; es coronación. Desde el trono envía el Espíritu, intercede y sostiene a Su pueblo. Así, cuanto más alto está Cristo, más lejos llega Su obra en los que creen.
Jamieson, Fausset y Brown
Commentary Critical and Explanatory on the Whole Bible
«De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre.»
La solemnidad del doble «amén» introduce una promesa vinculada a la fe personal en Cristo («el que en mí cree»). Las «obras» no se reducen a milagros espectaculares; abarcan todo el ministerio del Hijo revelado en palabra y hecho.
«Las hará también» afirma continuidad: el discípulo no inventa un evangelio nuevo, sino que prolonga la obra del Señor bajo la misma autoridad.
«Y aun mayores hará» se explica por la cláusula final. No implica superioridad moral del discípulo sobre el Maestro, sino mayor extensión histórica de la obra una vez que Cristo ha ido al Padre: exaltación, envío del Espíritu y difusión mundial del evangelio (cf. Hch 1:8; 2:1-4).
Así, la partida de Jesús —aparente pérdida— es, en realidad, la condición de una misión más amplia. El versículo une cristología (subida al Padre) y eclesiología (obras de los creyentes) en un solo movimiento de gracia.
Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, esto haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.
Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré.
Si me amáis, guardad mis mandamientos;
Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre:
Al Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce: mas vosotros le conocéis; porque está con vosotros, y será en vosotros.
No os dejaré huérfanos: vendré á vosotros.
Aun un poquito, y el mundo no me verá más; empero vosotros me veréis; porque yo vivo, y vosotros también viviréis.
En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros.
El que tiene mis mandamientos, y los guarda, aquél es el que me ama; y el que me ama, será amado de mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré á él.
Dícele Judas, no el Iscariote: Señor, ¿qué hay porque te hayas de manifestar á nosotros, y no al mundo?
Respondió Jesús, y díjole: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos á él, y haremos con él morada.
El que no me ama, no guarda mis palabras: y la palabra que habéis oído, no es mía, sino del Padre que me envió.
Estas cosas os he hablado estando con vosotros.
Mas el Consolador, el Espíritu Santo, al cual el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todas las cosas que os he dicho.
La paz os dejo, mi paz os doy: no como el mundo la da, yo os la doy. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.
Habéis oído cómo yo os he dicho: Voy, y vengo á vosotros. Si me amaseis, ciertamente os gozaríais, porque he dicho que voy al Padre: porque el Padre mayor es que yo.
Y ahora os lo he dicho antes que se haga; para que cuando se hiciere, creáis.
Ya no hablaré mucho con vosotros: porque viene el príncipe de este mundo; mas no tiene nada en mí.
Empero para que conozca el mundo que amo al Padre, y como el Padre me dió el mandamiento, así hago. Levantaos, vamos de aquí.