v. 2
Mayormente en el hablar.
v. 6
De que se originan los grandes incendios de las guerras y discordias.
v. 8
Sin particular auxilio del cielo.
v. 12
La lengua, pues, que nos ha dado Dios para alabarle, nunca debe servir para ofenderle.
v. 13
¿Cómo podrá hacer ningun fruto el doctor ó predicador de la ley de la caridad, el ministro de la paz, el muestro de la humildad, si con su ejemplo desmiente sus palabras?
v. 15
Y así codiciosa de los bienes terrenos, sensual y activa, como de Lucifer.