v. 27
Amad no sus errores, no sus faltas, no su mala conducta, pero si á sus personas, deseando vivamente su bien. Benefacite, haced bien á los enemigos; no un bien que los haga peores, que pueda contribuir á aumentar sus extravíos, sino un bien que sirva directa ó indirectamente para su conversion. Benedicite, bendecidlos; no hablándoles con blandura lisonjera, tímida, ó que los haga atrevidos, sino de un modo que vuestras expresiones ó palabras no respiren acrimonia ni venganza. Hasta en el tono de la voz con que los reprendais, han de conocer vuestra buena intencion. Orad por ellos, para que Dios los convierta y conceda lo necesario para esta vida y para la otra. Tal es la pura celestial doctrina de Jesu-Christo en esta materia; no la que de este pasage de san Lúcas saca un escritor impío y de mala fé.