v. 1
La palabra de Dios es el verdadero consuelo de los cristianos en las aflicciones, y un poderoso preservativo contra los escándalos. Al que está dispuesto para sufrir cualquier trabajo por Dios, ninguno le sorprende. Se engañan lastimosamente los que se lisonjean de hallar al mundo favorable á las verdades evangélicas, y de poder halagarle con las máximas de Jesu- Christo. La única presuncion saludable respecto del mundo es no esperar de él sino contradicciones, y no apoyarse sino en las fuerzas y en la bondad que inspira el Espíritu consolador que Jesus nos promete. La divisa del hombre carnal es vencer para no sufrir: la del cristiano es sufrir para vencer, ó morir para vivir.
v. 6
¡Cuán pocos son los que ven venir la cruz sin entristecerse! Más ocupa nuestro corazon el temor de perder un bien sensible y terreno, que la esperanza de los bienes celestiales que la fé nos propone. La tristeza cristiana nunca debe ocupar del todo nuestro corazon: siempre debe tener en él mayor influjo, ó dominar mas la esperanza que inspira la fé, y que llena de alegria al justo en medio de los mayores tormentos. El modo de mantener tranquilo nuestro ánimo, es temerlo todo de parte de los hombres, y esperarlo todo de la gracia de Jesu-Christo.
v. 11
Esto es, el Espíritu santo con interiores ilustraciones, y con vuestra predicacion y milagros convencerá al mundo del pecado de su incredulidad; de la justicia y santidad de mis obras y doctrina; y del juicio ó sentencia dada por mí contra el príncipe de este mundo. Véase antes c. XII. v.31. Véase Demonio, Mundo.
v. 15
Porque procediendo de mi y de mi Padre, recibe de mí, con la naturaleza divina, todas las luces y conocimientos que os comunicará á vosotros. Véase Jesu-Christo.
v. 33
Con la muerte que voy á padecer; y con el mérito de ella le venceréis tambien vosotros. Véase Mundo, Jesu-Christo.