v. 1
La prudencia cristiana y el interes del Evangelio exigen á veces que se ceda á la tempestad. Dios se sirve de la malicia de un pueblo para ejercer su misericordia con otros. Lo que á los ojos de la carne solo parece huida necesaria, es á los ojos de la fé una mision evangélica mandada por el Espíritu santo. La confianza en Dios no nos priva de servirnos de la prudencia natural.
v. 35
A fin de que no sospechen que se les predica por interes.