vv. 1-6
El Divino Pastor. 1 JEHOVÁ es mi pastor; nada me faltará. 2 En lugares de delicados pastos me hará yacer: junto á aguas de reposo me pastoreará. 3 Confortará mi alma; guiaráme por sendas de justicia por amor de su nombre. 4 Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno; porque tú estarás conmigo: tu vara y tu cayado me infundirán aliento. 5 Aderezarás mesa delante de mí, en presencia de mis angustiadores: ungiste mi cabeza con aceite: mi copa está rebosando. 6 Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida: y en la casa de Jehová moraré por largos días. De tres premisas muy confortables, David, en este salmo, extrae tres conclusiones muy confortables, y nos enseña a hacer lo mismo. Somos salvos por la esperanza, y esa esperanza no nos avergonzará, porque está bien fundamentada. Es deber de los cristianos animarse en el Señor su Dios; y aquí se nos dirige a tomar ese ánimo tanto de la relación en que Él está con nosotros como de la experiencia que hemos tenido de su bondad según esa relación. I. De que Dios sea su pastor infiere que no le faltará nada que sea bueno para él, v. 1. Véase aquí, 1. El gran cuidado que Dios tiene de los creyentes. Él es su pastor, y ellos pueden llamarle así. Hubo un tiempo en que David mismo fue pastor; fue tomado de seguir a las ovejas que criaban (Sal. lxxviii. 70, 71), y así conoció por experiencia los cuidados y tiernos afectos de un buen pastor hacia su rebaño. Recordaba la necesidad que tenían de un pastor, y la bondad que era para ellos tener uno hábil y fiel; una vez arriesgó su vida para rescatar un cordero. Por esto, pues, ilustra el cuidado de Dios por su pueblo; y a esto parece referirse nuestro Salvador cuando dice: Yo soy el pastor de las ovejas; el buen pastor, Juan x. 11. El que es el pastor de Israel, de toda la iglesia en general (Sal. lxxx. 1), es el pastor de cada creyente en particular; el más humilde no está por debajo de su conocimiento, Isa. xl. 11. Los toma en su redil, y luego los cuida, los protege y los provee, con más cuidado y constancia de lo que puede un pastor, que hace de ello su negocio para guardar el rebaño. Si Dios es como un pastor para nosotros, debemos ser como ovejas, inofensivas, mansas y tranquilas, silenciosas ante los esquiladores, y aun ante el carnicero, útiles y sociables; debemos conocer la voz del pastor y seguirle. 2. La gran confianza que los creyentes tienen en Dios: "Si Jehová es mi pastor, mi alimentador, puedo concluir que no me faltará nada que sea realmente necesario y bueno para mí". Si David compuso este salmo antes de llegar a la corona, aunque destinado a ella, tenía tanta razón para temer la escasez como cualquier hombre. Una vez envió a sus hombres a pedir por él a Nabal, y otra vez fue él mismo a pedir a Ahimelec; y sin embargo, cuando considera que Dios es su pastor, puede decir con audacia: nada me faltará. Que no teman morir de hambre aquellos que están al cuidado de Dios y lo tienen por su alimentador. Se implica más de lo que se expresa, no solo, no me faltará, sino, "seré provisto de todo lo que necesite; y, si no tengo todo lo que deseo, puedo concluir que o no es adecuado para mí o no es bueno para mí o lo tendré a su debido tiempo".