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Commentary on the Whole Bible · dominio público · traducción al español guardada por RevelatiO

Matthew Henry sobre Filipenses 4

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vv. 1-9

Varias Exhortaciones. (a. d. 62.) 1 ASÍ que, hermanos míos amados y deseados, gozo y corona mía, estad así firmes en el Señor, amados. 2 A Euodias ruego, y á Syntychê exhorto, que sientan lo mismo en el Señor. 3 Asimismo te ruego también á ti, hermano compañero, ayuda á las que trabajaron juntamente conmigo en el evangelio, con Clemente también, y los demás mis colaboradores, cuyos nombres están en el libro de la vida. 4 Gozaos en el Señor siempre: otra vez digo: Que os gocéis. 5 Vuestra modestia sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca. 6 Por nada estéis afanosos; sino sean notorias vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con hacimiento de gracias. 7 Y la paz de Dios, que sobrepuja todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros entendimientos en Cristo Jesús. 8 Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si alguna alabanza, en esto pensad. 9 Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz será con vosotros. El apóstol comienza el capítulo con exhortaciones a diversos deberes cristianos. I. A la firmeza en nuestra profesión cristiana, v. 1. Se infiere del final del capítulo anterior: Por tanto, estad firmes, etc. Viendo que nuestra ciudadanía está en los cielos, y esperamos que el Salvador venga de allí y nos lleve allá, por tanto, estemos firmes. Nota: La esperanza y la perspectiva creyente de la vida eterna deben comprometernos a ser constantes, uniformes y firmes en nuestro curso cristiano. Obsérvese aquí: 1. Las apelaciones son muy entrañables: Hermanos míos, amados y deseados, gozo y corona mía; y de nuevo, Amados míos. Así expresa el placer que sentía por ellos, el cariño que les tenía, para transmitirles sus exhortaciones con una ventaja mucho mayor. Los consideraba sus hermanos, aunque él era un gran apóstol. Todos somos hermanos. Hay diferencia de dones, gracias y logros, sin embargo, siendo renovados por el mismo Espíritu, a la misma imagen, somos hermanos; como los hijos de los mismos padres, aunque de diferentes edades, estaturas y complexiones. Siendo hermanos, (1.) Los amaba, y los amaba entrañablemente: Amados; y de nuevo, Amados míos. Los afectos cálidos convienen a los ministros y a los cristianos entre sí. El amor fraternal debe ir siempre unido a la relación fraternal. (2.) Los amaba y los anhelaba, anhelaba verlos y saber de ellos, anhelaba su bienestar y lo deseaba ardientemente. Porque yo os añoro a todos vosotros en las entrañas de Jesucristo, cap. i. 8. (3.) Los amaba y se regocijaba en ellos. Eran su gozo; no tenía mayor gozo que oír de su salud y prosperidad espiritual. Me regocijé grandemente de haber hallado a tus hijos andando en la verdad, 2 Juan 4; 3 Juan 4. (4.) Los amaba y se gloriaba en ellos. Eran su corona, así como su gozo. Nunca un hombre orgulloso y ambicioso se complació más con las insignias de honor que Pablo con las pruebas de la sinceridad de su fe y obediencia. Todo esto es para preparar su camino a una mayor consideración. III. Él exhorta a la santa alegría y deleite en Dios: Gozaos en el Señor siempre: otra vez digo: Que os gocéis, v. 4. Toda nuestra alegría debe terminar en Dios; y nuestros pensamientos de Dios deben ser pensamientos deleitosos. Deléitate asimismo en Jehová (Sal. xxxvii. 4), en la multitud de mis pensamientos dentro de mí (pensamientos penosos y afligentes) tus consolaciones alegraban mi alma (Sal. xciv. 19), y mi meditación de él será dulce, Sal. civ. 34. Observa: Es nuestro deber y privilegio regocijarnos en Dios, y regocijarnos en él siempre; en todo tiempo, en toda condición; incluso cuando sufrimos por él, o somos afligidos por él. No debemos pensar peor de él o de sus caminos por las dificultades que encontramos en su servicio. Hay suficiente en Dios para proporcionarnos motivo de alegría en la peor circunstancia en la tierra. Él lo había dicho antes (cap. iii. 1): Por lo demás, hermanos míos, gozaos en el Señor. Aquí lo dice de nuevo: Gozaos en el Señor siempre; otra vez digo: Que os gocéis. La alegría en Dios es un deber de gran consecuencia en la vida cristiana; y los cristianos necesitan ser llamados a ella una y otra vez. Si los hombres buenos no tienen un banquete continuo, es culpa suya. IV. Aquí se nos exhorta a la franqueza y la mansedumbre, y al buen temperamento hacia nuestros hermanos: "Vuestra modestia sea conocida de todos los hombres, v. 5. En cosas indiferentes no os vayáis a los extremos; evitad el fanatismo y la animosidad; juzgad caritativamente unos de otros". La palabra to epieikes significa una buena disposición hacia los demás; y esta moderación se explica en Rom. xiv. Algunos la entienden como el soportar pacientemente las aflicciones, o el disfrutar sobria y moderadamente de los bienes mundanos; y así concuerda bien con el versículo siguiente. La razón es: El Señor está cerca. La consideración de la venida de nuestro Maestro, y de nuestra cuenta final, debería impedirnos golpear a nuestros consiervos, sostenernos bajo los sufrimientos presentes y moderar nuestros afectos hacia los bienes externos. "Él se vengará de vuestros enemigos y recompensará vuestra paciencia". V. Aquí hay una advertencia contra el cuidado inquietante y perplejo (v. 6): Por nada estéis afanosos—meden merimnate: la misma expresión que en Mateo vi. 25, No os afanéis por vuestra vida; es decir, evitad el cuidado ansioso y el pensamiento que distrae en las necesidades y dificultades de la vida. Observa: Es el deber y el interés de los cristianos vivir sin preocupaciones. Hay un cuidado de diligencia que es nuestro deber, y consiste en una previsión sabia y una preocupación debida; pero hay un cuidado de desconfianza y recelo que es nuestro pecado y locura, y que solo perturba y distrae la mente. "Por nada estéis afanosos, de modo que por vuestro cuidado desconfiéis de Dios y os incapacitéis para su servicio".

vv. 10-19

IV. Él se cuida de obviar el mal uso que algunos podrían hacer de que él tomara tanta nota de lo que le fue enviado. No procedía ni del descontento y la desconfianza (v. 11) ni de la codicia y el amor al mundo, v. 12. 1. No venía del descontento, o de la desconfianza en la Providencia: No lo digo en razón de indigencia (v. 11); no en razón de ninguna indigencia que sintiera, ni de ninguna indigencia que temiera. En cuanto a lo primero, estaba contento con lo poco que tenía, y eso le satisfacía; en cuanto a lo segundo, dependía de la providencia de Dios para que le proveyera día a día, y eso le satisfacía: de modo que no hablaba en razón de indigencia de ninguna manera. Pues he aprendido á contentarme con lo que tengo. Aquí tenemos un relato del aprendizaje de Pablo, no el que obtuvo a los pies de Gamaliel, sino el que obtuvo a los pies de Cristo. Había aprendido a contentarse; y esa era la lección que más necesitaba aprender que la mayoría de los hombres, considerando las dificultades y sufrimientos con los que era ejercitado. Estuvo en prisiones, y encarcelamientos, y necesidades, a menudo; pero en todo había aprendido a contentarse, es decir, a adaptar su mente a su condición, y a sacar lo mejor de ella.—Sé estar humillado, y sé tener abundancia: v. 12. Este es un acto especial de gracia, acomodarnos a cada condición de la vida, y mantener un temperamento mental equilibrado a través de todas las variedades de nuestro estado. (1.) Acomodarnos a una condición afligida—saber cómo estar humillado, cómo tener hambre, cómo padecer necesidad, para no ser vencidos por las tentaciones de ello, ni perder nuestro consuelo en Dios, ni desconfiar de su providencia, ni tomar ningún camino indirecto para nuestro propio sustento. (2.) A una condición próspera—saber cómo abundar, cómo estar lleno, para no ser orgulloso, ni seguro, ni lujoso. Y esta es una lección tan difícil como la otra; porque las tentaciones de la plenitud y la prosperidad no son menores que las de la aflicción y la necesidad. Pero ¿cómo debemos aprenderla? Todo lo puedo en Cristo que me fortalece, v. 13. Necesitamos fuerza de Cristo para capacitarnos para realizar no solo aquellos deberes que son puramente cristianos, sino incluso aquellos que son fruto de la virtud moral. Necesitamos su fuerza para enseñarnos a contentarnos en cada condición. El apóstol parecía jactarse de sí mismo y de su propia fuerza: Sé estar humillado (v. 12); pero aquí transfiere toda la alabanza a Cristo. "¿De qué hablo de saber cómo estar humillado y cómo abundar? Es solo por medio de Cristo que me fortalece que puedo hacerlo, no con mi propia fuerza". Así se nos requiere que seamos fuertes en el Señor, y en el poder de su fuerza (Ef. vi. 10), y que seamos fuertes en la gracia que es en Cristo Jesús (2 Tim. ii. 1); y somos fortalecidos con poder por su Espíritu en el hombre interior, Ef. iii. 16. La palabra en el original es un participio de presente, en to endynamounti me Christo, y denota un acto presente y continuo; como si hubiera dicho: "Por medio de Cristo, que me está fortaleciendo, y me fortalece continuamente; es por su fuerza constante y renovada que soy capaz de actuar en todo; dependo completamente de él para todo mi poder espiritual". 2. No venía de la codicia, o de un afecto a la riqueza mundana: "No porque busque dádivas (v. 17): es decir, agradezco vuestra bondad, no porque aumente mis goces, sino porque aumenta vuestra cuenta". No deseaba tanto por su propio bien, sino por el de ellos:

vv. 20-23

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Conclusion. (a. d. 62.) 20 Now unto God and our Father be glory for ever and ever. Amen. 21 Salute every saint in Christ Jesus. The brethren which are with me greet you. 22 All the saints salute you, chiefly they that are of Cæsar's household. 23 The grace of our Lord Jesus Christ be with you all. Amen. The apostle concludes the epistle in these verses, 1. With praises to God: Now unto God and our Father be glory for ever and ever, Amen, v. 20. Observe, (1.) God is to be considered by us as our Father: Now unto God and our Father. It is a great condescension and favour in God to own the relation of Father to sinners, and allow us to say to him, Our Father; and it is a title peculiar to the gospel dispensation. It is also a great privilege and encouragement to us to consider him as our Father, as one so nearly related and who bears so tender an affection towards us. We should look upon God, under all our weaknesses and fears, not as a tyrant or an enemy, but as a Father, who is disposed to pity us and help us. (2.) We must ascribe glory to God as a Father, the glory of his own excellence and of all his mercy unto us. We must thankfully own the receipt of all from him, and give the praise of all to him. And our praise must be constant and perpetual; it must be glory for ever and ever. 2. With salutations to his friends at Philippi: "Salute every saint in Christ Jesus (v. 21); give my hearty love to all the Christians in your parts." He desires remembrances not only to the bishops and deacons, and the church in general, but to every particular saint. Paul had a kind affection to all good Christians. 3. He sends salutations from those who were at Rome: "The brethren who are with me salute you; the ministers, and all the saints here, send their affectionate remembrances to you. Chiefly those who are of Cæsar's household; the Christian converts who belonged to the emperor's court." Observe, (1.) There were saints in Cæsar's household. Though Paul was imprisoned at Rome, for preaching the gospel, by the emperor's command, yet there were some Christians in his own family. The gospel early obtained among some of the rich and great. Perhaps the apostle fared the better, and received some favour, by means of his friends at court. (2.) Chiefly those, &c. Observe, They, being bred at court, were more complaisant than the rest. See what an ornament to religion sanctified civility is. 4. The apostolical benediction, as usual: "The grace of our Lord Jesus Christ be with you all, Amen. The free favour and good will of Christ be your portion and happiness."

Fuente: CrossWire SWORD MHC 2.2, from CCEL (http://www.ccel.org/)